jueves, 3 de abril de 2014

Eres un espíritu libre -Me dijo.


Estaba leyendo  ese poema que me encanta de Bukowski, sentí el candor en el pecho que dice mamá es un reflejo de todas las emociones que cargo y no dejo salir. Interpreto de muchas formas el suicidio del que Charles hablaba; creo que hoy es uno de esos días en los que necesito suicidarme.

Me gusta releer lo que escribo, para recordar lo que estaba sintiendo, por quién lo estaba sintiendo y me doy cuenta que hay nombres de los que ya ni siquiera me acuerdo. Ni una sola de esas letras han sido mías, son de aquel que me miraba: intranquila, enamorada, loca, desesperada, cabreada;  de aquel que me miraba y creía estar en amor mientras desfilaba en mi pupila, después sucedía la magia y lo plasmaba en un papel. Era una forma presuntuosa de hacer una lista de los hombres que de mí se habían enamorado, nadie sospecharía de esa larga pila de versos.

No sé si he estado enamorada mil veces o ninguna. Siempre espero grandes cosas del amor y la verdad es que no yo no sé distinguir entre el amor y las ganas de ir al baño, no sé distinguir entre nada de nada –ni siquiera el puto color del semáforo- Tampoco escribo poesía, no soy poeta ni soy magia, no tengo las manos azules, no tengo un solo tornillo en su lugar y siempre tengo las rodillas raspadas –seh, también metafóricamente-. Pero igual me encantaría poder enamorar a alguien con mis palabras, me encantaría derretir, volarle los sesos, hacerle sentir que me tiene nada más con leerme hablar sobre cualquier nimiedad: el tráfico, la guerra, el sexo.

¡Quiero que alguien me ame sin haberme visto jamás a la cara!


Me asfixian las personas, los ruidos, los mismos rostros, las reacciones predecibles y cotidianas. Me cansa ver el mismo film todos los días, de todas las semanas, de todos los meses del mismo año. Es por eso que voy a suicidarme, para despertar mañana con la Mónica del futuro que con suerte no tiene tan mal humor. 

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