sábado, 16 de enero de 2010
No hay tiempo para pensar en lo que pasaría.
viernes, 15 de enero de 2010
Quitándome la careta...
Me he cansado del viento, me cansa descubrir que realmente no sopla. Me molesta su silbido, el desdén con que se pasea y alborota mi cabello, detesto no poderselo impedir. Es tiempo de pensar, y él, no hace más que aturdirme.
Sé que no soy especial –siempre lo he sabido-. Soy tan simple, que se me ha de tratar de la misma forma, sin grandes reconocimientos ni faenas. Lo sé, puede que no merezca festejo con gozo y entusiasmo, me conformo con destellar en la memoria. Aunque jamás sabré si de menos eso podría alcanzar.
Se azotan las ventanas y los portales de mi alma, el viento llega hasta mis entrañas y me vulnera, me hace sucumbir ante su estruendo. Detesto hallarme al descubierto, pretendo parecer astuta al poner el cerrojo, al mostrarme hermética e inaccesible. Y en definitiva, no quisiera entusiasmar a nadie, pero tal vez, algún día aprenda a no llorar. Puede que en un arranque de magia celestial se me conceda ser forjada con un mal corazón –bah!, tal vez ya lo tenga-
-Comienzo a creer que nunca escampará aquí dentro- Detesto la soledad de mis adentros, aún sabiendo que estoy condenada y que nada la hará esfumar –¡Sí, ni ese condenado viento!-
Cuento con tres corazones latiendo en uno mismo. Cada uno destinado a una razón distinta – o al menos eso pretendía el ser que al crearme me los concedió- Ahora, es evidente que los tres se dedican por completo a la desdicha, parece que se rindieron y ahora dedican el tiempo a contemplarse morir -¿Cómo no amar el arte de la contemplación?- Esperan aquí dentro, siempre fieles, el momento en que han de fenecer.