Estaba pensando en las palabras
más bonitas. No sabía bien qué requisitos debían llevar, si debían ser las
mejor adornadas, las más profundas, las más suaves; las mías, las tuyas.
Repetí una lista interminable,
terminé como es de suponerse con los ojos hechos un desastre. Se me movieron
todas las vísceras y no quedó rincón en paz. Todas eran hermosas, filosas,
directas –hasta los eufemismos- cada una estremecía al menos un nervio dentro
de mí. Me hallé tan frágil.
Tiempo, pensé.
Tiempo,
Cólera,
Distancia,
Tristeza,
Coger,
Infinito,
Eventualmente,
Coraza,
Vino,
Olvidar.
Todas fuertes y lanzadas con
vigor desde la punta de la lengua y hasta lo más hondo del receptor. No soy asunto sencillo, compleja del pie
hasta el alma, quisquillosa e insoportable. Quiero todo para mí –no para quedármelo,
siempre me doy en pedazos pequeños- Voy a tomar todo lo que no tengo y lo haré
explotar, voy a dejar de regalar lo que tanto trabajo me ha costado forjar. Y
tristemente mutaré en metal impenetrable, en oído necio. He de convertirme en
tiempo necio, y para ti, para ti ya no hay tiempo –Se escapó por la rendija que
olvidaste procurar-