Constantemente creo sentimientos, sentimientos que parten de hechos suscitados por única vez; mi mente juega como mis dedos a tejer letras, pensamientos, supuestos inexistentes acelerados por un motor que al final de la historia, triste y ridículamente se aloja dentro de mi cabeza.
En ocasiones –pocas pero bastante pobladas- la emotividad juega un papel importante, tiendo a tener dos pilares opuestos sobre los que recaen además de mis esperanzas, esos vacíos resultados. Soy absurda desde el hecho de mi creación, por ende, todo lo que se crea a partir de mi es un disparate también. Mi corazón es una viscera decrépita, cansada, agobiada por momentos –como si fueran años-.
Si hubiera un cajón dentro de mi cabeza, seguro estaría lleno de cosas rotas, de objetos regados de rincón a rincón. Seguramente seria un cajón mediano, con los rieles rotos, pero madera firme que alberga cuanta estupidez pueda meterle. Y yo, a veces quisiera sacar cada una de las cosas que aquí viven y abandonarlas en la puerta de alguna otra despistada, deshacerme de todo lo que no puedo resolver –no porque no pueda, sino, porque no me da la gana- Tal vez, sólo tal vez, sea que no lo haga por melancolía; por vivir de recuerdos y mantenerme inerte viviendo de enero, tal vez de principios de febrero ¡Qué sé yo! Siempre me ha gustado el invierno.
Tal vez, sea sólo que ya estoy muy cansada como para luchar por lo que sea, por acomodar el desorden en mi armario, en los cajones de mis ideas, en mis sentimientos ¿Qué más da si siempre que intento mi trabajo es arrojado contra el piso y desdeñado? No sé cómo apliquen aquí las renuncias, seguramente no van a liquidarme; puede que sea mejor que me despidan de mi misma, voy a dejar correr el tiempo, a estas alturas estoy muy cansada incluso para decir que me rindo, voy a permanecer en la nada observando como todo se va por algún barranco o como algún valiente viene a salvarlo. No tengo ya deseo alguno ni siquiera de terminar absolutamente con nad..