Todavía me acuerdo de ti. Ya sé
que te he visitado con el bajo pretexto de pasar al baño, perdóname, ya sabes
que soy una cínica y tú ahora “estás” en ese lugar por el que paso todos los
días.
A veces me dan ganas de bailar y
me acuerdo de ti, de cómo te avergonzaba que tomara de más, de los corajes
cuando olvidaba la identificación y nos quedábamos afuera por mi culpa. ¿Te
habías dado cuenta que sólo cuando estaba contigo fumaba? ¿No? Yo tampoco. Me
cuesta mucho decir la palabra cuando se trata de ti, pero, ¡Pinche muerte! La
mayoría del tiempo prefiero pensar que te enojaste porque no me dejaron salir y
me estás ignorando hasta que yo te llame, cosa que no va a pasar porque tu
teléfono ya está suspendido y todos los comentarios que me habías puesto en
facebook ya no salen más.
Siempre amé nuestra complicidad,
las cosas que sé y que nunca dijiste, mis comentarios imprudentes seguidos de
tu ceño fruncido por el retrovisor. Ya sé que el último año no hablamos mucho,
estábamos muy ocupados con el trabajo y las parejas. Vi el último mensaje que
me mandaste, pero estaba atolondrada y no te quise responder, no me estoy
disculpando, sólo te estoy diciendo la verdad: no quise y ya.
Tengo algunas cosas tuyas de las
que no me quiero deshacer, no me interesa si es sano o enfermo, ya sabes que
soy de almacenar olores y ese antifaz aún tiene tu loción –no me encanta, pero,
qué le vamos a hacer: así olías-
La verdad es que no me he
acomodado para bailar con nadie más, creo que tú sabías perfecto como guiarme y
me quitabas por instantes esta condenada arritmia. No sé Jorge, dime algo, dime
si eres feliz, si también te acuerdas de mí. Ya sé que estoy haciendo mucho
drama por algo que es bien natural, como cuando te llamaba a deshoras para que
me llevaras a algún lado y me hicieras bailar hasta olvidarme de todas las
patanadas que me hacía ese cabrón. Me duele saber que ya no vas a venir por mí,
que no me vas a citar en un lugar horrible y oscuro, que no me vas a mandar un
mensaje privado para felicitarme por mi cumpleaños porque te da pena que los
demás vean que me quieres.
Ya sé que estás muerto y que eso
no va a cambiar por más que llore toda la noche y mañana me presente a dar
clases con los ojos hinchados. Ya sé que no me vas a contestar, que estás bien
y que otra vez soy una egoísta desesperada, que la que está insufrible soy yo,
que la que no entiende ni hace nada por entender está detrás de este monitor.
Sólo te extraño.
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