Persigo el reflejo de una montaña
los caminos perpetuos que guían mi mirada.
Persigo mi sombra reflejada en tu espalda
y el sabor de tus manos que aún no me llaman.
Escucho tu canto con mi tacto de ciego
escribo palabras que aún no se inventan
y me sueño cansada ensayando mis versos
bañada en sudor, recostada en tu alma.
No tienes ojos ni sonrisa de amante
tu pecho no arde, pero provoca mis ganas
tu aroma me sigue por toditas las camas
e imagino dibujado en tu rostro
este deseo que roza mi espalda.
Quisiera ser franca
sin atentar con tu calma
cantarte en silencio y degustar tu mirada
por último y sin maldad perturbada
estremecer tu razón con mi parte deseada.
Persigo de nuevo la misma montaña
con palabras que guíen tu sabor a mi encuentro
con señales confusas dirigidas al viento
que revienten en lo mejor de tu cuerpo.
Aunque es verdad que anhelo con mucho más deseo
recargues tus besos sobre mi lado izquierdo.
Y si no es menester despojarme de telas
entiendas por fin que tus solas palabras:
solemnes y frías, serias y estudiadas,
exprimen de flores el calor de mis senos
y al estrecharme la mano sin pretender nada
con tus saludos cordiales y respuestas pausadas
conviertes de un soplo las estrellas en llamas
que al consumirse en esta intensa batalla
se convierten en agua que escurre con calma
hasta el borde que marca el final de mis ganas.
empapas mis piernas con cien mil sentimientos
y revientas mis gritos sin importar la distancia
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