Estuve mucho tiempo perteneciendo, colgada en un llavero como llave que no abría ninguna puerta. Siendo parte del mobiliario de tu oficina, como utilería para casos de emergencia. ¿Qué le puedo hacer? ... me acostumbré.
Fueron muchos días siendo todo y sintiéndome nada, con función de sombra y atributos de archivero -creo que también fui bote de basura- cargadora de equipo, grabadora de bolsillo, fotógrafa sin créditos y promotora de eventos en los que no era bienvenida. Pero ¿Qué le puedo hacer? ... me acostumbré.
Ejercí como enemiga adjudicada, blanco de mentiras y constructora -por excelencia- de sueños inconcretables; candidata a madre de dos hijos, guía turística y guía roji -antes de que tuvieras GPS-. La primera en llegar a tus conciertos y la última en irse con la garganta destrozada. Otra vez nada puedo hacer... me acostumbré.
Para no cansar la vista: ayudante de ocasión, admiradora por devoción, guerrera por obligación, humana por designación, amante por amor y desertora por cuestiones de supervivencia, más nunca por convicción.
Hoy mis escrituras ya no están en el cajón de tus papeles, tal vez se traspapelaron, ¡Qué sé yo!.
Ya no soy propiedad, no pertenezco más a tus dominios ni a ningunos. Igual nada ha cambiado, sigo sin ser llave que abra alguna puerta.Vuelo como hoja seca, siempre con miedo a crujir bajo el calzado de algún ocioso, no pertenezco a nada por más que haga el intento, sé que no está mal y no estoy segura de que esté bien.
Tengo una gran memoria sin espacio para más recuerdos, la batería ya no carga y se acaban los pañuelos cuando resbalas de mis ojos. Cargo un miedo sin destino, susurros que no entiendo, y la melodía sin letra de una canción que jamás te escuché tocar. Ya los hice pedacitos -que caben perfecto por la ventana del autobús.- Decidido: por la noche te arrojo a la carretera y está vez me aseguro de no volverte a encontrar.
Fueron muchos días siendo todo y sintiéndome nada, con función de sombra y atributos de archivero -creo que también fui bote de basura- cargadora de equipo, grabadora de bolsillo, fotógrafa sin créditos y promotora de eventos en los que no era bienvenida. Pero ¿Qué le puedo hacer? ... me acostumbré.
Ejercí como enemiga adjudicada, blanco de mentiras y constructora -por excelencia- de sueños inconcretables; candidata a madre de dos hijos, guía turística y guía roji -antes de que tuvieras GPS-. La primera en llegar a tus conciertos y la última en irse con la garganta destrozada. Otra vez nada puedo hacer... me acostumbré.
Para no cansar la vista: ayudante de ocasión, admiradora por devoción, guerrera por obligación, humana por designación, amante por amor y desertora por cuestiones de supervivencia, más nunca por convicción.
Hoy mis escrituras ya no están en el cajón de tus papeles, tal vez se traspapelaron, ¡Qué sé yo!.
Ya no soy propiedad, no pertenezco más a tus dominios ni a ningunos. Igual nada ha cambiado, sigo sin ser llave que abra alguna puerta.Vuelo como hoja seca, siempre con miedo a crujir bajo el calzado de algún ocioso, no pertenezco a nada por más que haga el intento, sé que no está mal y no estoy segura de que esté bien.
Tengo una gran memoria sin espacio para más recuerdos, la batería ya no carga y se acaban los pañuelos cuando resbalas de mis ojos. Cargo un miedo sin destino, susurros que no entiendo, y la melodía sin letra de una canción que jamás te escuché tocar. Ya los hice pedacitos -que caben perfecto por la ventana del autobús.- Decidido: por la noche te arrojo a la carretera y está vez me aseguro de no volverte a encontrar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario