jueves, 3 de mayo de 2012

¡Yo conozco al que sabe volar!


Mi abuelo nació en San Salvador Atenco y tuvo una educación militar –de hecho es el único hombre que conozco que sepa volar- Hace unos días, conversábamos acerca de las próximas elecciones, la verdad no soy apasionada de estos temas –detesto el acto del convencimiento, es inútil e inexistente- todo empezó con la publicidad en televisión del personaje PRIÍSTA “¿Secundarias? ¿Escuelas? ¡Ese tipo es un mentiroso, en mi pueblo no creó ni una sola institución educativa! ¡Qué ganas de sacar el machete para que con provecho digan que somos el pueblo de los machetes!” Dijo con la respiración ciertamente acelerada. Ya estoy acostumbrada a sus arranques de ira cuando alguien se mete con su pueblo, tiene 83 años y un arsenal de historias nacidas en Atenco con respecto a la política, casi tan amplio como la colección de álbumes familiares donde aparece la bisabuela y tatarabuela cargando su pistola.
Es un hombre pacífico, vivió la mitad de su vida trabajando y ahora entrega su tiempo a mirar el noticiero, meter los pronósticos y a la numismática que tanto le apasiona; todo va normal hasta que comienza a contarme lo difícil que era la vida en los 50’s y lo hermoso que fue trabajar turnos perpetuos en la FAM, de ahí se abren todos los recuerdos que la saliva le permite. Le preguntaba por qué tanto odio hacia uno u otro partido y él –antiPRIísta conocido por todos los que tienen el honor- simplemente responde que tengo que leer para hacer mi propio juicio, que debo vivir mis propias decisiones y no heredar las suyas. No conozco a otro hombre que defienda tanto la discreción del sufragio, en estos 22 años jamás he sabido su decisión electoral. Sé también que no se le olvida Atenco, no se le olvidan los abusos y mucho menos aquella escena de su hermana con machete en mano deteniendo las carreteras que salió en el noticiero vespertino.
Traté de jugarle una broma diciendo que votaría por el ex gobernador del Estado de México, esperaba que despotricara un poco con el único propósito de que no se terminara nuestra conversación; él, sólo me miro serio y dijo: Está bien si es tu decisión. Inmediatamente lo negué y él siguió sin soltar un suspiro. Real es que esperaba que un hombre de su edad se aferrara y peleara conmigo para violentar mi elección hasta ese momento, yo sé que no se le olvida Atenco y que tiene muy presente que el candidato del que les vengo contando no ha leído ni tres libros que pueda comentar, lo más increíble es que sobre todo lo citado, no se olvide respetar y jamás desvirtuar la inclinación de cada uno, por más absurda que parezca. Tal vez tengo mucho que aprenderle o tenemos… no sé. 

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