Se me ocurren palabras al azar, nada suficiente para lograr un enunciado. Me vienen sentimientos al azar -que nadie está por la labor de soportar-. Me vienen personas por llamar y otras por olvidar. Me vienen, me van.
A veces pareciera que todo sucede por una razón, la razón de que yo sucediera en su vida, tiene mucho de azar. Las últimas horas he sido espectadora, si no he estado a la vista, es porque me escondo para llorar -ya sabe de mi pésimo hábito-
Acá abajo parece que todo está normal, todos se miran como si fuera una reunión más. A estas horas sólo escurren las lágrimas de la mujer que más lo ha amado -sin temor a equivocarme- Se respira la incertidumbre más sombría que jamás haya sentido. Corren por el viento palabras como trabalenguas, adivinanzas perversas que ya no quiero escuchar, hacen que el corazón suba y baje como juego mecánico; y yo, yo no puedo parar mi mente creativa. Invento historias que se apegan a la versión del hablante en curso, río y lloro como Garrik.
Espacios de silencio enormes pausan incluso las respiraciones, de repente, el sonido de algún móvil o el suspiro de alguno nos hace recordar que seguimos aquí, que todo es tan real como insoportable. Más carga de silencio hasta que alguien interrumpe preguntando sobre el servicio funerario en Zitácuaro o sobre la manera en la que le avisarán a todos los alumnos -entonces yo me detengo- Todas las personas que amo de verdad han sido maestros", y dejo que mi mente piense en eso, cierro los ojos y quiero olvidarme del lugar en el que estoy “¡Ya se despertó!” Y yo despierto con el grito también, una versión más que alterará mis emociones y me hará reventar los nervios.
He estado recordando todas las veces que me dijo quererme como si los lazos de sangre existieran y desearía tanto que no lo hubiera dicho jamás, porque ahora no puedo pensar en otra cosa. Detesto no haberle respondido que sentía lo mismo. Odio no haber podido jamás hablarle de tú.
Todos están enloqueciendo por pensar quien conducirá a Michoacán, estamos inventando mil preocupaciones que calmen el deseo de gritar, de llorar, de odiar todo lo humano -y lo no humano también- Recuerdo palabras que usted dijo y justo en ese momento alguien me dice que jamás se quitó las medallas que le obsequié. ¡Vaya! Me siento muy halagada, tanto como usted el día que las colgué de su cuello. Voy a dormir un rato, sin sueño y sin cansancio; sin pijama y sin almohada; hoy sólo voy a dormir esperando que al despertar tenga una nueva adivinanza para mi, que al levantarme tropiece porque mientras dormía ató mis agujetas; esperando, esperando, como siempre que las cosas no salgan tan mal y de ser así que no duelan con la misma intensidad.
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